“Es una experiencia fantástica e inolvidable. Es volver a mi niñez cuando viajábamos en familia”, dijo Luz María González, vecina de la histórica comuna, que consiguió los boletos junto a su marido Humberto Morales y su nieto para viajar en el tren que llevó después de casi cuatro décadas hasta Quinchamalí y Confluencia.
El “Tren del recuerdo” fue la actividad culmine de la celebración de los “patrimonios”, que en esta versión congregó a decenas de familias y personas interesadas en conocer más de museos, iglesias, y el trabajo de restauración del mural de Julio Escamez en el salón del Concejo de la municipalidad de Chillán.
El delegado presidencial, Diego Sepúlveda, manifestó la satisfacción del Ejecutivo ante la “tremenda” convocatoria registrada los días 30 y 31 de mayo. “El gobierno de Chile está muy contento de que este día se celebre, de que también podamos reencontrarnos, recordar buenos momentos”, señaló la autoridad, quien también agradeció el trabajo voluntario de los funcionarios públicos y la colaboración de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado (EFE).
Por su parte, el alcalde Camilo Benavente, resaltó la profundidad histórica del evento, definiéndolo como un buen ejemplo de una genética cultural y patrimonial que tiene Chillán. “Es importante cuando nosotros reconocemos nuestra historia… todas esas anécdotas que están, sin duda, en nuestra mente colectiva, son parte de un proceso importante de nuestra formación”, dijo.
La mayoría de las actividades fueron organizadas por la Unidad Patrimonio (UPA) dependiente de la dirección de Cultura, Artes y Patrimonio en colaboración con la seremía de Cultura y el gobierno regional.
“Estamos muy felices por lograr las gestiones para tras décadas reactivar el ramal Quinchamalí y Confluencia. Sin duda es un hito histórico quedará en la memoria del día del Patrimonio”, dijo Karin Cárdenas, encargada de UPA Chillán.
Para el joven chillanejo Matías Sepúlveda, la doble jornada permitió “expandir lo que se conoce de patrimonio de Chillán, abriendo puertas de lugares que normalmente no son accesibles para todos, en especial la Iglesia San Francisco y su museo”.
A su vez, Maite Mendoza destacó el valor social de estas jornadas al permitir que personas que “quizás no tienen los recursos” puedan seguir conociendo su región. “Todo fue muy lindo, una experiencia que nos ayudó a conocer espacios culturales que nunca antes habíamos visto”, expresó.